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ENOLOGIA

MITOLOGIA DEL VINO

 

Por: Shyla Arce Berenson - Instituto de los Andes

Una curiosa leyenda oriental relata que Baco, dios del vino, siendo aún muy joven se encontraba de viaje hacia la ciudad de Naxia. Sintiéndose fatigado se detuvo en el campo a descansar. Entonces, vio a sus pies una planta que apenas sobresalía del suelo y cuya curiosa forma le pareció hermosa. Sin pensarlo mucho, decidió llevarla consigo para plantarla en su casa. La sacó de sus raíces y emprendió nuevamente el viaje. Pero el sol pegaba muy fuerte y la planta corría el riesgo de secarse. Así, con el ánimo de protegerla, tomó un hueso de ave que halló en el suelo y puso en su interior el tallo. Sin embargo, la mano de Baco era tan fértil que pronto la planta comenzó a crecer y sus raíces sobresalieron del envoltorio óseo. Miró a su alrededor y divisó un hueso de león, bastante más grande. Lo tomó y puso la planta en su interior sin poder deshacerse del hueso de pájaro que ya estaba atrapado en las raíces de la planta. A poco andar se percató de que éste había vuelto a crecer y a sobrepasar el hueso de león y nuevamente sus raíces corrían el riesgo de secarse al sol. Entonces, tropezó con un hueso de asno que le sirvió una vez más de envoltorio, sin poder retirar los dos anteriores. Y así llegó a su destino, con la planta en el hueso de ave, el de león y el de asno. Al querer trasplantarla en su casa no pudo quitar ninguno de los tres y decidió enterrarla tal como estaba. Al poco tiempo creció y dio como frutos unos granos oscuros. El dios los dejó madurar, los cogió con cuidado y los prensó para extraer su zumo, el que le pareció un néctar. Así, regaló la planta a los hombres y les enseñó la viticultura. Los humanos que bebían el vino con moderación no tardaban en ponerse alegres como pájaros y, como ellos, cantaban y disfrutaban de la vida. Si continuaban bebiendo el néctar de Baco, adquirían la bravura de un león. Pero, si confiando demasiado en la fuerza adquirida se aficionaban al vino, terminaban con la cabeza gacha y se entregaban a toda clase de acciones poco inteligentes, como un asno. Baco recordó entonces los tres envoltorios que usó para proteger la planta y se dio cuenta que cada uno de los huesos había transmitido la característica de cada animal al fruto.

Dionisos en la Mitología Griega

Dionisos es hijo de Zeus, padre de los dioses y de los hombres, y de una mortal Sémele, hija del rey de Tebas. - Hay dos versiones del mito sobre el nacimiento de Dioniso; la primera narra que Hera verdadera esposa de Zeus, una diosa celosa y vanidosa, descubrió la aventura de su marido cuando Sémele estaba encinta. Con el aspecto de una malvada vieja, Hera se ganó la amistade Sémele, quien le confió que su marido era en realidad Zeus. Hera pretendió no creerlo, y sembró las semillas de la duda en la mente de Sémele, quien, curiosa, pidió a Zeus que se revelara en toda su gloria como prueba de su divinidad. Aunque Zeus le rogó que no le pidiese eso, ella insistió y él terminó accediendo. Sin embargo, los mortales no podía mirar a un dios sin morir, y Sémele pereció. Zeus logró rescatar al fetal Dioniso plantándolo en su muslo. Unos meses después, Dionisos nació. Nota: Jaime Ariansen Céspedes - mi profesor de Enología ha escrito un libro sobre la biografía de Dionisos, que es la más completa de todas.

Dioniso dios del vino y la vegetación

Volviendo al relato: La leyenda cuenta que Zeus tomó al infante Dioniso y lo puso bajo la tutela de las ninfas de la lluvia de Nisa, que le criaron en su infancia y niñez. Cuando Dioniso creció, descubrió la cultura del vino y la forma de extraer su precioso jugo; y luego las propiedades de su zumo fermentado.

Pero Hera hizo que se volviese loco y le empujó a vagar por diversas partes de la tierra.

Pero a la Manía enviada por Hera, Dioniso responde con la locura báquica que alterna con el vino puro.

En Frigia la diosa Cibeles, más conocida por los griegos como Rea, le curó y le enseñó sus ritos religiosos, y así emprendió su recorrido por Asia enseñando a la gente el cultivo del vino.

Dios del vino: Como símbolo de su divinidad empuñaba el tirso, cetro cubierto de hojas de hiedra o vid.

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