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ENOLOGIA

PROTEO, EL VIÑATERO DE EGIPTO - 02

Por: Jaime Ariansen Céspedes - Instituto de los Andes

La Historia del Vino - Dionisos - Cap: 20

Cuándo le llego su turno, le preguntaron y... ¿y tu quien eres?... como respuesta trato de balbucear... “prooo... teee... ooo... hiijoo... de Feeniice”... los miembros del jurado volvieron la mirada hacia la joven y sofisticada princesa, que era miembro del jurado,  quien inmediatamente puso una cara de  “a mi no me responsabilicen, yo no tengo la culpa”.

 

Todos los miembros del jurado, comprendieron que debían terminar rápidamente este bochornoso incidente y revisaron superficialmente las listas de cargos que quedaban, sacaron uno al azar... el primero que tuvieron a mano... Proteo... irás al reino de Poseidón y te encargaras de cuidar el rebaño numero 16 de focas, en el  archipiélago de Faros.

 

No evaluaron lo estúpido del encargo, no existía nada más intrascendente y aburrido que la tarea de pastor de focas, pero Proteo agradeció efusivamente la designación, aunque no fue escuchado por que el jurado ya había levantado la sesión y sus miembros abandonaron rápidamente el recinto.

 

Proteo había comprendido que instalado en un paraje lejano de la costa de Egipto, pronto se olvidarían de su existencia y al realizar tan boba tarea tendría todo el tiempo libre del mundo para seguir espiando a la gente interesante.

 

Una hermosa tarde, cuando las olas reventaban cadenciosamente contra los verdes acantilados de la isla de Faros, Proteo  se sorprendió al ver interrumpida su placentera siesta con la llegada a ese lugar de una pequeña y blanca nave y en su cubierta una hermosa mujer, túnica azul y cabellera al viento, inmediatamente la reconoció, era Fenice su madre, cuando todavía no había salido de su absoluta sorpresa ni tampoco encontrado respuesta para la pregunta... ¿qué hace mi madre aquí?.

 

Sucedió algo extraordinario, de repente, de un suave remolino de estrellas nacaradas, junto a la nave, surgió un personaje ricamente ataviado, y con un tridente de oro en la mano derecha, lo reconoció de inmediato por su magnifica apariencia,  era  el  mismísimo Poseidón.

 

El resto de la tarde fue un  caluroso y apasionado encuentro, entre dos amantes, Poseidón y Fenice, era evidente que se conocían desde hacia tiempo,  se comprendían,  se deseaban, se amaban. Proteo sintió un molestoso cosquilleo en él estomago, igual que cualquier persona que presencie una tórrida jornada de amor, con su madre de protagonista.

 

En los siguientes días comenzó a sospechar de algo posible, ese poderoso personaje podía ser su padre, comparo narices, hoyuelos en las mejillas, mechón de pelo en la frente, en resumen... muy... muy... muy parecidos  y concluyo... !Si es mi progenitor!... y no era justo que el, con tan importante linaje, inteligencia y conocimientos estuviera relegado, en un recóndito paraje del océano, cuidando focas, ¡qué injusta era la vida!, pensó y tomo una clara decisión, su existencia necesitaba un cambio, ¡ya era hora de hacer algo al respecto!.  

 

En el Alto Egipto reinaba desde hacia cuatro décadas el anciano rey Amón III, hombre sabio y justo, pero débil de carácter, se había mantenido  en el trono gracias a su amigo y leal consejero, el sacerdote Wahibre, jefe de su guardia pretoriana, entre ambos habían logrado neutralizar al  heredero, el   príncipe Tutmosis,  corrupto, badulaque y desleal, entre otros cien defectos.

 

Proteo, en su primer trabajo de importancia política, se entero como. Tutmosis, había vendido a su padre, por simples promesas de poder, a los ambiciosos persas,  que desde hacia un buen tiempo tenían en mente echar un zarpazo a esas  ricas tierras del delta del Nilo.

 

La conspiración era simple, los persas  con la ayuda del traidor príncipe, Tutmosis y solo con una pequeña flota de veinte navíos al mando del cruel general Gaumata, se apoderarían del anciano monarca egipcio, desaparecerían a Wahibre y pondrían en el trono al corrupto  Tutmosis, o al menos eso era lo que este presumía según el pérfido acuerdo, sin sospechar que el mismo Tutmosis seria el tercero  de la larga  lista de muerte que tenían en mente los persas.

 

Para Proteo, desbaratar el complot fue relativamente fácil, mas de lo que cualquiera hubiera imaginado. Primero se transformo en Gaumata y dio las ordenes precisas a sus generales de volver de inmediato hacia Persepolis, declarando la operación abortada por orden directa del rey persa Cambieses. Al poco tiempo el verdadero Gaumata estaba frente a su rey, deshonrado y sin comprender que había pasado.

 

Luego, Proteo se presento como el salvador, en la corte de Amón en Saqqara, luciendo todas las pruebas de la traición. En las siguientes semanas logro hacerse del cargo de asesor real y luego participo en el juicio y en la deportación, lo mas lejos posible - para  que no moleste - del traidor  Tutmosis, todos estos hechos fueron rápidos y sucesivos.

 

Al poco tiempo, Proteo era el personaje más influyente de la corte, lo sabia todo, lo que realmente pasaba y lo que iba a suceder. Con tan formidable poder político, se volvió imprescindible y por supuesto heredero del trono del viejo rey egipcio, que  lo adopto como al hijo virtuoso, inteligente y leal que nunca tuvo. (Continuara)

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