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ENOLOGIA

ORFEO Y EURIDICE - 02

Por: Jaime Ariansen Céspedes - Instituto de los Andes - Perú 

La Historia del Vino - Dionisos Cap: 14

 

Para atravesar tan formidable barrera y llegar a Erebos, la morada de los poderes subterráneos, donde existía la completa oscuridad, primero debería convencer al barquero Caronte, anciano sombrío y tétrico que era el único que podía cruzar los ríos malditos, transportando en su chalupa las almas de los muertos rumbo al espacio de las sombras. Luego ya en las puertas del reino de Hades, al irascible guardián Cerbero y después nada menos que a las terribles Furias.

 

Dionisos también entrega a Orfeo, una preciosa Jarra de Jade que contenía un especial vino, que tenia la virtud de crear en el que lo bebiera una buena  predisposición por la armonía y la amistad, este ceramio debería ser el presente para Hades, enseguida le enseña una Cornucopia de Oro de donde brotaban a voluntad sarmientos de vid, que seria el especial regalo para  Perséfone.

 

Las indicaciones complementarias para Orfeo fueron, primero tendría que ir en paz y sus únicas armas deberían ser la sinceridad y la confianza. Después de muchas jornadas de viaje llegó, siguiendo las indicaciones, a la  brumosa laguna Estigia donde encontró al barquero Caronte quien no quiso transportarlo porque sólo llevaba a los muertos y él estaba vivo.

 

Orfeo, le explico mientras le servia un vaso de vino, que con su esposa Eurídice formaban una pareja indisoluble y que si ella estaba muerta el también lo estaba y por lo tanto podía transportarlo, entonces Orfeo entonó un himno como suplica, en el que resumía su triste historia, con tanto sentimiento que  conmovió a Caronte, que acepto conducirlo al otro lado de la laguna, a través de los ríos malditos.

Cuando estuvo frente a la enorme puerta de bronce que iniciaba el camino sin retorno al mas allá, utilizo los mismos argumentos para convencer al can  Cerbero y a las Tres Furias, las diosas de la venganza, Allecto,  la que no descansa, Tisifane, la vengadora del crimen y Megara, la celosa, eran las revindicadoras de toda trasgresión humana y las encargadas de fijar el castigo merecido a cada nuevo habitante del reino de las tinieblas, su principio era simple, ojo por ojo, diente por diente.  Inexplicablemente estos duros personajes cedieron ante un hechizo de amor, ante la sentida melodía del canto de Orfeo y lo dejaron pasar.

 

En menos tiempo de lo que cualquiera se hubiera imaginado, nuestro héroe, se encontraba cruzando las colosales columnas del palacio de la oscuridad impenetrable y recorría un tétrico pasadizo hasta llegar e una enorme y austera habitación, en medio de la cual estaban en su trono de piedra Hades y Perséfone, quienes no pudieron ocultar su sorpresa al ver delante de ellos a un joven, flaco y desgreñado, que los mira directamente a los ojos, saca de una bolsa unos regalos, los coloca a sus pies y acompañado con su lira y sin mas preámbulos comienza a cantar una solicitud de ayuda, mediante una muy dulce melodía pide que le permitieran vivir junto a su amada Eurídice.

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