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ENOLOGIA

LA HISTORIA DE LAS 12 UVAS

EFE - El Universal - La costumbre española, adoptada en numerosos países de Latinoamérica, de tomar las uvas al ritmo de las 12 campanadas de la Nochevieja, para contribuir a la prosperidad y felicidad del Año Nuevo, va a cumplir un siglo.

Para ver hechos realidad los deseos, el ritual manda que se despida el año tomando las "doce uvas de la suerte", una por cada mes, al compás de cada una de las doce campanadas de reloj que marcan la medianoche del 31 de diciembre.

La creencia popular sitúa el origen de esta tradición en 1909, cuando la extraordinaria cosecha de uvas de esa temporada llevó a los viticultores españoles a repartir el excedente y alentar el consumo para atraer la buena suerte.

Sin embargo, como suele pasar con las tradiciones, hay argumentos discrepantes. En esos años, a principios de siglo, había hambre y por tanto hablar de excedente es arriesgado, teniendo en cuenta además que las cosechas de uva por entonces eran pequeñas.

Pero, sobre todo, "con los medios que había en la época, llegar a finales de año con uva fresca era muy difícil, e imposible que se llegase a tener abundancia o excedente", dijo a Efe Luis González, director del Consejo Regulador de la Denominación de origen Uva de Mesa embolsada de Viñalopó.

Viñalopó es una comarca de la provincia de Alicante y "es la zona que se recuerda de mas antigüedad de viñedos de uva de mesa, que no de vino", explicó González para quien no hay datos que confirmen ni el lugar, ni la fecha y año del inicio del ritual.

Desde luego en el impulso al consumo masivo de uva en esta época tuvieron mucho que ver los cosecheros que fueron capaces de promocionar hábilmente sus productos, mucho antes de que se desarrollaran las técnicas de "marketing".

En esa comarca del levante español, los mayores sí recuerdan que alguien les contó que algún lugareño guardó, como singular y exquisito postre para la cena de Nochevieja, granos de uva suficientes como para que cada comensal los tomara cuando el reloj diera la medianoche.

¿Esa cena pudo ser en el año 1909?. "No hay constancia, pero a partir de ahí, pudo funcionar el `boca a boca` y se puede hablar de la generalización de la costumbre a partir de los años veinte, más aún hacia los años cuarenta, que coinciden con la puesta en marcha de la técnica de embolsado de racimos, que permite retrasar un mes el proceso de maduración de la uva", señaló el directivo.

Lo que es indiscutible es el progresivo protagonismo navideño de estas bayas comestibles fruto de la vid, ricas en antioxidantes, fósforo, potasio, hierro y vitaminas, de las que se consumen en España, en la última semana del año, entre un millón y medio y dos millones de kilogramos

El centenario postre de la cena de San Silvestre se fue incorporando de forma imparable a los festejos populares y espontáneos para despedir un año y recibir al siguiente en las plazas de los pueblos, donde se concentraban los vecinos para escuchar juntos las doce campanadas del reloj mas emblemático del lugar.

Madrid no fue una excepción y cuentan las crónicas que la Nochevieja de 1930 el mismísimo Alfonso XIII, abuelo del rey Juan Carlos I, se mezcló con los madrileños la noche de San Silvestre y recibió al nuevo año en la Puerta del Sol, en pleno centro de la capital de España.

Una treintena de años después, y perfectamente arraigada la popular fiesta que se montaba bajo el reloj de la Puerta del Sol, llegó la bendición definitiva de la unión de hecho entre campanadas y uvas: el 31 de diciembre de 1962 Televisión Española comenzó a transmitir "las 12 campanadas".

Desde ese reloj, el paso de un año a otro dura en la actualidad 36 segundos y sesenta centésimas, tiempo para tomarse una a una las doce uvas, que en 1997 se les atragantaron a muchos españoles debido al ritmo frenético de las campanadas, que sonaron en sólo 17 segundos.

Los emigrantes van con sus costumbres de un lugar a otro y los 260.000 españoles que viven en Argentina, la mayor colonia española en el exterior, tomarán las uvas esa noche. Los granos de esa fruta se asomarán también a las nocheviejas de Latinoamérica.

Allí, las uvas se tienen que hacer hueco entre ritos como tomar lentejas para conseguir abundancia, meter billetes en los zapatos para lograr fortuna, pasear con maletas para viajar en el próximo año, cascar huevos en un vaso con agua e interpretar al día siguiente su forma, quemar muñecos o usar lencería de color rojo o amarillo.

Los enigmas que existen en torno al origen de "las 12 uvas" afianzan aún más la leyenda y, como se dice popularmente para augurar una larga espera, "nos van a dar las uvas" intentando aclarar quiénes y cómo hicieron de la uva un postre estrella, sin necesidad de aderezo o adorno alguno.

MALBEC, ES UNA CAMPEONA

De: neagar

MALBEC, ES UNA CAMPEONA

Discusión enviado por: Andrea García Noli – Enología 2

La cepa Malbec, aunque es ordinaria de Francia, ha sido todo un boom y un éxito en Argentina, donde es muy popular en la elaboración de vinos tintos, y probablemente estos vinos argentinos tengan mejor calidad que los franceses, prueba de esto es esta noticia que leí:

Bodega NQN obtuvo medalla de oro con su vino Malma Reserva Malbec 2006 en la quinta edición del concurso internacional Malbec al Mundo 2008. Participaron del concurso 300 muestras de este cepaje emblemático argentino. Los vinos galardonados fueron reconocidos por su alto nivel de calidad, y el jurado estuvo conformado por enólogos, periodistas, sommeliers y técnicos de renombre nacional e internacional. La cata a ciegas se realizó en la Facultad de Enología Don Bosco, Mendoza.
La degustación se rigió por las reglas establecidas por la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV), el certamen se concibe con la intención de mostrar al mundo las nobles características de este destacado cepaje, además de difundir sus cualidades. Esta iniciativa comenzó en el 2000, cuando participaron vinos argentinos, en el 2002 se extendió al continente Americano, para expandirse posteriormente al mundo, donde hoy es considerado uno de los concursos más importantes en su categoría.
Una vez más NQN, bodega patagónica, se enorgullece por lograr estos resultados con viñedos jóvenes y ante un jurado muy exigente; demuestra la calidad de estos vinos Patagónicos ante el mundo y la Argentina.

Esta es la prueba de que un vino no necesita ser europeo para tener calidad, que existen vinos accesibles y buenos, y sobretodo en Sudamérica, que ha sido bendecida con el clima perfecto para la siembra de uva.

EL SABOR A MOHO EN EL VINO

De: JAIMEANDES

El sabor a moho en el vino es el resultado de dos compuestos químicos denominados halofenoles y haloanisoles, así lo ha determinado una investigación de cuatro años realizada por un grupo de expertos de la Universidad de Castilla-La Mancha. Los resultados obtenidos muestran que son varios los factores responsables del sabor a moho en el vino, que no es algo exclusivo de los tapones de corcho como se creía antaño.

Los halofenoles se utilizan habitualmente como productos fitoquímicos para distintos usos, desinfectar, blanquear, etc., de su acción se pueden generar haloanisoles por biometilación, un proceso por el que se produce una reacción en los iones metálicos y otras sustancias cambiando las propiedades físicas y químicas de determinados metales.

En este punto sería interesante recordar el post el vino está contaminado en casi todo el mundo, en él nos hacíamos eco de la investigación realizada en la Universidad de Kingston en cuyo estudio se mostraba que los vinos del mercado enológico presentaban altos niveles de iones de metal o pro oxidantes de cobre, zinc, níquel, cromo, manganeso, etc., quizá por ello exista un índice tan elevado de vinos con sabor a moho o gusto a corcho (definición equívoca).

Los investigadores centraron su trabajo en los vinos tintos de crianza acogidos a distintas Denominaciones de Origen, vinos de La Mancha, La Rioja, Somontano, Vinos de Madrid, Penedés, etc., poniendo al descubierto que hasta un 16% de los vinos tintos de calidad sufrían este problema. Los haloanisoles estaban presentes en tasas muy elevadas y como son compuestos muy olorosos, los apasionados de los vinos los detectarían rápidamente, siendo obviamente vinos rechazados. Seguramente más de un aficionado se habrá llevado un chasco con algún vino especial al detectar el olor a moho, algo que hace imbebible al vino, al menos en nuestra opinión.

Los compuestos más frecuentes que se han encontrado en los vinos han sido el tricloroanisol, tetracloroanisol, triclorofenol, tribromoanisol, aunque el más oloroso y detectable es el primero, el tricloroanisol o TCA, aunque de este compuesto hablaremos con mayor profundidad en otro post.

En la investigación se ha concluido además que los vinos pertenecientes al norte y noroeste de nuestro país son los que mayor proporción de estos compuestos químicos presentan. Volvemos a remitirnos al estudio de los iones metálicos que hemos mencionado anteriormente, posiblemente la composición del terreno y las sustancias con las que se tratan los cultivos podrían tener algo que ver.

Según la investigación, hasta un 70% de los vinos detectados como contaminados pertenecen a las cosechas del periodo comprendido entre 1995 y 2005, siendo además vinos mayoritariamente criados en barricas de roble americano, quizá este dato sirva para realizar nuevos estudios en esa dirección.

Vía | Soitu

Información | Universidad de Castilla-La Mancha

PRODUCCION: LOS AROMAS DEL VINO

Los Aromas del Vino.

El aroma identificado a través del olfato es una de las principales características de la calidad del vino. Las sensaciones de “nariz” se pueden clasificar en aromas (favorables) y olores (defectos) y según su origen, en primarios (procedentes de la fruta), secundarios (producidos durante la fermentación) y terciarios (adquiridos en la crianza).

Los aromas del vino provienen principalmente del hollejo de la uva. Se transfieren al vino en distintas fases de la producción, dependiendo de la variedad de la cepa, de la técnica empleada o el objetivo del productor.

Existen muchos aromas que pueden ser identificados a lo largo de la experiencia del catador, un experto podrá diferenciar una cepa de otra, un estilo de bodega o una zona determinada de producción. Es una tarea siempre difícil, la habilidad del catador solo se puede afinar mediante un programa riguroso de entrenamiento olfativo. Pero claro, en nuestras épocas científicas nada podrá suplantar profesionalmente a las pruebas científicas computarizadas de laboratorio.

Algunos Componentes Químicos.

Las sustancias que originan las sensaciones aromáticas de los vinos son muy diversas y numerosas. Se han identificado alrededor de seiscientas, pero en un futuro, con el desarrollo de los métodos de análisis, pueden ser muchas más.

Por su naturaleza pueden agruparse en: Alcoholes, Ácidos, Esteres Compuestos carbonílicos, Aminas, Hidrocarburos terpénicos, Carotenos.

Cada compuesto muestra su olor por razón de: Concentración, Punto de ebullición, Peculiaridad.

Acetato de Isoamilo: Aroma a plátano de algunos vinos Merlot.

Diacetilo: Aroma a mantequilla de algunos Chardonnay.

Geraniol: Aroma a flores presente en un Gewurztraminer.

Ionona: Aroma que recuerda a las violetas.

Linalol: Aromas provenientes de las rosas y se encuentran en los vinos moscatel.

Pirazina: Aroma que recuerda al pimiento verde y se encuentra en el Cabernet Sauvignon.

Terpenos: Los aromas a flores de un Riesling.

Tricloroanizol: Olor defectuoso a corcho.

Clasificación de los Aromas.

Los primarios: Fruta. Son aquellos que provienen de la cepa. El aroma primario debe sobresalir en un vino joven, puesto que es la marca de la variedad.

Los secundarios: Fermentación. Son aquellos que nacen de la fermentación. Los aromas secundarios son compartidos, ya que provienen de un proceso común como lo es la fermentación (alcohólica o maloláctica, por ejemplo). Ellos otorgan complejidad, pero desaparecen pronto.

Los terciarios: Crianza. Son aquellos formados al abrigo del aire, en la botella o en la barrica, o fruto de un lento proceso de reducción que dará vida a un buscado bouquet, el último paso en la complejidad aromática de los grandes vinos. Los terciarios obedecen a la combinación de varios y complejos procesos: el aporte tostado, a coco, a vainilla de las barricas, la fisión de estos con los primarios en la botella, y los aún misteriosos procesos de semi-reducción durante el envejecimiento.

Olores defectuosos.

El  de corcho (tricloroanizol),

El del ácido acético, que da olor a vinagre,

Las notas oxidativas, producto de excesos de oxígeno durante la vinificación.

La Cromatografía.

La ciencia a podido identificar alrededor de 750 compuestos, es posible clasificarlos e identificarlos mediante un método complejo denominado cromatografía en fase gaseosa, pero todavía existe mucho camino por recorrer y  hay cientos de aromas que aún no se identifican, especialmente en los tintos.

El Aroma de los Blancos.

 Sauvignon Blanc debiera tener notas cítricas. Además, es probable que también encuentre manzana verde, hierbas frescas, espárragos y "sudor de caballo" que, aunque le parezca extraño, mezclado con otros aromas es incluso agradable. En los Suavignon más elegantes, puede haber aromas minerales, a piedra o pólvora, como los magníficos blancos del Loire en Francia.

Sémillon  comparte ciertas notas con el Sauvignon (cítricas, a hierbas y manzana verde). Pero también es posible encontrar en él tonos muy suaves a miel y a pan tostado.

Gewurztraminer, una de las variedades más aromáticas, dominan las notas florales, también algo de lima y lichi, que es uno de los descriptores más característicos.

Chardonnay es más tropical y deja sentir notas a piña, mango y guayaba, como el que proviene del Valle de Casablanca. También a manzanas y durazno blanco. Asimismo, puede tener tonos cítricos si se trata de un Chardonnay que no ha tenido fermentación maloláctica (transformación del ácido málico en láctico). Este proceso natural, junto con bajar notablemente la acidez, le da a este vino notas a mantequilla, a crema fresca.

La madera es otra cosa. Por lo general, un blanco fermentado o con un paso leve por barrica (en Chile casi siempre el Chardonnay) agrega a su fruta notas tostadas, a vainilla, a nueces. En el mejor de los casos, los aromas de madera se complementan con los de la fruta; en el peor –y lamentablemente esto es muy común- las notas tostadas se llevan todo y sólo dejan eso: olor a madera.

El Aroma de los Tintos.

Cabernet Sauvignon: nos ofrece aromas a menta, grosellas, pimienta y canela, a mina de lápiz, a pimiento rojo maduro, a chocolate negro y violetas.

Merlot: sentimos aromas a frutillas, a ciruelas y chocolate, pero en este caso en la forma de un bombón relleno con mermelada. También hay flores, pero no menta y sí algo especiado, penetrante en la nariz.

Pinot Noir: también es floral, pero mucho más evidente. Hay frutillas, arándanos, aromas a hojas secas y húmedas, y algo animal, inquietante pero leve.

El Aroma de los Tintos Jóvenes.

Aromas a zarzamoras: Es unos de los rasgos más característicos de la variedad de uva Tempranillo que con mayor frecuencia se detecta en los vinos tintos jóvenes o de maderada crianza.

Aromas a grosellas: Aromas primarios aportados sobre todo por las variedades de uva Garnacha y Cariñena, aunque se puede ver en algunos vinos de la variedad Tempranillo. Suele desaparecer este aroma con la crianza de los vinos.

Aromas a endrinas: Elegante evocación de los vinos elaborados con uvas de la variedad Tempranillo maduras y sanas.

Carbón de Turba: Aroma secundario habitual en los tintos de maceración carbónica. Procede de componentes azufrados y es un defecto cuando es dominante.

La Cata.

La mejor forma de apreciarlos es en una copa de vaso cerrado en el borde, de manera que concentre los aromas, después de mover el contenido en sentido circular para que impregne las paredes de la copa y aumente la superficie de desprendimiento de aromas. Al describir las sensaciones se citan los productos evocados por los aromas del vino.

La cata de aromas se conoce también como: Apreciación olfativa, Apreciación de aromas, Olor del vino, Nariz del vino.

Generalmente, se admite que, una vez descorchada la botella, debe someterse el vino a la apreciación visual, brillo y color, después a la nariz y, últimamente, al paladar. Técnicamente no debe ser así, sino se debería iniciar la cata por la apreciación de aromas, por la razón de que si existen aromas, buenos o malos, fugaces, los podríamos perder si nos entretenemos antes mirando el vino.

La sensibilidad ante los aromas reside en el bulbo olfativo en la zona interna y superior de las fosas nasales, hasta donde llegan los vapores volátiles del aroma, pero siguiendo dos rutas:

1. Directa, a través de la nariz al agitar la copa ante ella.
2. Retronasal o indirecta al evaporarse vino en la cavidad bucal y pasar su aroma por vía posterior, detrás del velo del paladar, a la fosa nasal.

Es, por lo tanto, la apreciación de aromas un proceso muy complejo.

La copa normalizada es útil para apreciar aroma del vino. No lo sería una copa abierta del tipo de cáliz.

La temperatura del vino tiene mucha importancia para la cata del aroma. Una temperatura baja atenúa los aromas y una alta potenciaría en exceso la presión aromática retronasal, lo cual no es grato, resultando empalagoso. Por esta razón, la cata tiene su limitación en temperatura alta marcada por el aroma y se estima en 15-16 °C como máximo, que daría un aroma por vía retronasal de 25-26 °C. A partir de estas temperaturas el vino puede resultar no grato.

Los tiempos tienen igualmente importancia para la cata de aromas. El vino escanciado en copa inmediatamente después de abierta la botella tiene tres tiempos de aromas:

1. Durante tres minutos muestra bouquet en estancia en botella.
2. Siguen otros cinco minutos de aroma neutro.
3. Finalmente, muestra el aroma del roble de la barrica.

PRODUCCION: EL COLOR DEL VINO

EL COLOR DEL VINO.

EL COLOR DEL VINO. Como es natural, el vino está sometido a las leyes físicas incluidas en la teoría de los colores. Es decir, como casi todas las cosas, el vino absorbe cierta franja del espectro que compone la luz y refleja otra. Lo importante del color de un vino -además de su relevancia estética- es la información que proporciona al catador.

EL COLOR DEL VINO BLANCO.  El color en los vinos blancos varía desde lo casi incoloro, a veces incluso con algún matiz verdoso (como en algún Semillon o un Sauvignon Blanc), hasta un amarillo intenso, a veces incluso dorados profundo. Sin embargo, si se detectan matices marrones, lo más probable es que el asunto vaya mal encaminado y que el vino esté oxidado, muy cercano a lo que sería un Jerez.

La tendencia general de los vinos blancos es a oscurecerse con el paso del tiempo. Si han sido sometidos a guarda en barricas lo normal es que ganen en intensidad de color. Lo mismo para los que tienen mayor madurez e incluso algo de maceración, ya que se concentran más tanto aromas como materias colorantes en dicho proceso. Un caso típico son los Late Harvest disponibles en el mercado.

EL COLOR DEL VINO TINTO. Su color aporta bastante más información que en los blancos. Este varía desde el rojo violeta intenso, el rubí, pasando por rojo ladrillo, hasta tonos anaranjados e incluso levemente marrones.

Al contrario de los vinos blancos, los tintos pierden color gradualmente con la edad. Por ello es posible determinar si se trata de tintos muy jóvenes o con cierta edad. Una buena forma de hacerlo es mirar en la copa el vino desde el centro hacia los bordes. Si mantiene su matiz concentrado desde el centro hacia los bordes, tendremos un vino joven; si en los bordes es más claro y marrón que en el centro sin duda tendremos un vino de cierta edad o evolucionado. Respecto a su paso por barrica, por regla general, los tintos que han tenido este tratamiento pierden el color más rápido que los varietales.

La intensidad del color se expresa mediante una serie de epítetos sencillos tales como:

Pálido, Intenso, Ligero, Profundo, Claro, Nítido, Débil, Cubierto, Vivo, falto de capa, Fuerte, Fresco, Oscuro, Muerto, Apagado, etc.

En blancos se pueden apreciar o definir de las siguientes maneras:

Blanco, Amarillo pálido, Amarillo verdoso, Amarillo limón, Amarillo paja, Amarillo dorado, Amarillento, Topacio, Cobrizo, Caoba, Oro, Oro pálido, Oro verde, Oro fino, Oro viejo , Oro rojo, Dorado, Rojizo, Hoja seca, Castaño, Madera, Ámbar, etc..

En rosados los vinos se presentan entre la gama que va desde los anaranjados, hasta los rojos y los rojos claros, pudiéndose hablar de:

rosa violeta, rosa franco, bermellón, rosa cereza, rosa frambuesa, rosa carmín, rosa amarillo, rosa anaranjado, rosáceo, rojizo, piel de cebolla, anaranjado, salmón, etc.

Entre los vinos tintos se encuentran casi todos los tonos rojos, pudiéndose considerar la gama más amplia, pues los tonos no definen solo el color del vino, sino los reflejos que el tinto toma dependiendo de su elaboración y crianza. Las palabras mas usadas para definir el color en vinos tintos son:

rojo claro, rojo oscuro, rojizo, rojo violeta, rojo cereza, rojo grosella, rojo sangre, rojo ladrillo, rojo anaranjado, rojo amarillento, rojo marrón, carmín, rubí, granate, bermellón, púrpura, violáceo rojo negro, teja, picota, picota madura.

La intensidad
Si el color es demasiado claro puede ser por las siguientes causas:
- Un año con mucha lluvia
- Demasiado rendimiento de la viña
- Plantas demasiado jóvenes
- Uvas insuficientemente maduras
- Uvas podridas
- Fermentaciones a baja temperatura

Por lo tanto, podemos deducir que se trata de vinos ligeros con una añada poco importante. En cambio, si el color es intenso puede ser por:
- Buena extracción
- Rendimiento bajo por hectárea
- Cepas con más de diez años.
- Vinificación bien realizada.

Los colores
Nos indican la edad y el estado del vino. Por ejemplo:

Blancos
Casi incoloro: Vino joven, sano.
Amarillo claro con reflejos verdosos: Vino joven
Amarillo dorado: Madurez, tal vez criado en madera
Oro cobrizo o bronce: Vino viejo
Ambar tirando a ocre: Vino oxidado, demasiado viejo.

Rosados
Rosa salmón: Rosado joven y frutal
Piel de cebolla: Comienza a ser demasiado viejo.

Tintos
Violáceo: El vino es joven
Rojo puro: Ni joven ni evolucionado
Rojo con matices anaranjados: Vino de crianza, principio de envejecimiento
Rojo pardo: Es un gran vino, indica apogeo.

El color del vino, que depende de la variedad de uva, de las técnicas de elaboración empleadas y de su edad, es tan interesante y atractivo como revelador. Nos puede orientar sobre la variedad o variedades de los que se compone, de su evolución (si es un vino joven o por el contrario un vino maduro y evolucionado), además de proporcionarnos información sobre su conservación y estado de salud.

Los responsables de la pigmentación del vino son los antocianos (colorantes rojos) en los vinos tintos, y las flavonas (se les atribuye la coloración amarilla) en los blancos. Ambas pertenecen al grupo de los compuestos fenólicos que se encuentran en la piel de la uva también llamada hollejo. Por tanto no es la pulpa de la uva la que tiñe los mostos, éstos no presentan color al ser obtenidos tras un prensado.

El color, aparte de otras muchas sustancias, se extrae cuando el mosto en las cubas de vinificación entra en contacto con los hollejos, mediante el proceso de maceración. Por tanto, cuanto más tiempo está macerando un mosto con los hollejos más materia colorante se obtendrá. Es por ello que en una misma región vitivinícola, con las mismas variedades de uva, nos encontramos ante vinos muy intensos y cubiertos, mientras otros no lo están tanto. Sólo encontramos una variedad cuya pulpa tiene color, la Garnacha Tintorera o Alicante Bouchè, antes más frecuente que ahora en la zona levantina. Esta cepa ha sido utilizada desde muy antiguo como aporte para vinos faltos de intensidad, y es una variedad que puede dar mucho más de sí.

Así pues, se puede elaborar un vino blanco a partir de uvas tintas, como ocurre con el delicioso espumoso francés, el Champagne, que incluye entre sus variedades la Pinot Noir; o un vino rosado dejando tan sólo unas horas el mosto con sus hollejos. Mientras que para elaborar un vino tinto dejaremos varios días el mosto y sus hollejos, antes y durante la fermentación, en los depósitos para obtener vinos cubiertos y con cuerpo. Depende entonces del enólogo decidir el momento del descube, separando el mosto de los hollejos, basándose en el vino que desea obtener.

Ahora que ya conocemos su origen vamos a introducirnos en el fascinante mundo de la cata. Aunque menos importante que el aroma y el sabor del vino, su aspecto y color dicen mucho de él, ya que el primer sentido que interviene en la cata es el de la vista. El análisis visual nos orienta sobre su madurez y concentración, además nos permite apreciar su limpidez y matices. Lo primero que debemos hacer para observar el vino con claridad es verterlo en una copa lisa, sin ningún tipo de talla ni fantasías; para ello utilizaremos un catavino, que nos permitirá agitar la copa sin salpicaduras y ver sus matices. Para observar y apreciar en toda su magnitud la amplia gama de colores, tonalidades e intensidades que nos puede ofrecer un vino, lo mejor es la luz natural, o en su defecto utilizaremos bombillas neutras. Los neones y fluorescentes nos van a mostrar una imagen confusa y poco nítida, un vino más apagado, menos vivo y con menos brillo.

Pondremos siempre la copa sobre un fondo blanco, un papel o un mantel, y lo miraremos desde arriba para ver si tiene algún desprendimiento de gas carbónico, si forma burbujas, o si es un vino tranquilo sin efervescencia. Podemos también utilizar un foco de luz, una vela por ejemplo, poniéndola detrás de la copa, y dejando ésta entre el foco de luz y nuestro punto de observación para poder distinguir con claridad si presenta alguna turbidez o velo. Si ocurre cualquiera de estos dos supuestos es muy posible que nos encontremos con un vino apagado, velado, sin fuerza y con algún defecto. Un vino sano debe ser siempre límpido y brillante. Acto seguido , cogiendo siempre la copa por el vástago entre el pulgar y el índice o por su base, la inclinaremos hasta que quede casi horizontal.

Observaremos que en su centro o corazón nos encontramos con un color mucho más intenso debido a un mayor volumen de líquido, y que en sus bordes (también llamado menisco o ribete) se va aclarando; decimos que el vino se va abriendo y nos ofrece sus matices. El centro nos orienta sobre la variedad o variedades del vino, del tipo de elaboración y de la maceración más o menos intensa que ha sufrido; mientras que el menisco nos informa sobre su evolución y edad. Así pues debemos de tener en cuenta que los vinos tintos se van aclarando con el tiempo, van perdiendo su color más o menos rojizo, pasando de tonos azulados, púrpuras y violáceos, a otros color teja o ladrillo, hasta llegar a reflejos caobas y ambarinos con el paso del tiempo. Por su parte los vinos blancos sufren un proceso inverso a través del cual se van oscureciendo, evolucionan desde el amarillo pálido con reflejos verdosos de su juventud hasta el amarillo pajizo y más tarde los tonos dorados, ambarinos hasta llegar a un color que recuerda al caramelo. Con el paso del tiempo los vinos tintos y blancos adquieren el mismo color.

A la hora de definir el cambiante color de los vinos y su infinita lista de reflejos, nos apoyamos siempre en colores, que unas más y otras menos, relacionamos con cierta facilidad: piedras preciosas, metales; así decimos que un vino tiene un color rubí o un blanco o tinto pueden llegar al oro viejo; flores como el rojo violeta, o frutas: rojo grosella, picota, frambuesa ....., vocablos algunos de ellos que están expuestos a modas y esnobismos.

La siguiente tabla nos muestra algunos colores de la amplia gama que se pueden encontrar en los vinos, bien por sus variedades o por su evolución:

VINOS TINTOS

VINOS BLANCOS

VINOS ROSADOS

Rojo grosella

Amarillo pálido

Rosa violeta

Rojo picota

Amarillo verdoso

Rosa cereza

Rojo violeta

Amarillo canario

Rosa frambuesa

Rojo carmesí

Amarillo limón

Rosa carmín

Rojo cereza

Amarillo pajizo

Rosa anaranjado

Rojo ladrillo

Amarillo dorado

Albaricoque

Rojo rubí

Amarillo oro viejo

Piel de cebolla

Rojo bermellón

Amarillo ámbar

Ojo de perdiz

Rojo anaranjado

Amarillo parduzco

Salmón

Rojo amarillento

Amarillo caoba

 

EL LENGUAJE DE LAS ETIQUETAS

El lenguaje de las etiquetas

Por: Hugo Olaechea Espinoza / 261007 / Enologia 1

Para leer una etiqueta no bastan los datos incluidos en ella: es indispensable, además, tener ciertos conocimientos sobre tipos, cepas, categorías y zonas o regiones productoras de vino para poder interpretar correctamente estos datos

Como leer una etiqueta europea
Los vinos están obligados a colocar datos básicos como:

1. calidad de vino: se clasifican en tres grandes grupos

Vinos de mesa: son los más comunes y pueden tener una mezcla de cepas, mostos o vinos procedentes de distintas regiones y/o países de Europa. Son jóvenes y de bajo costo, ideales para el consumo diario. No están obligados a colocar variedad de cepa o año de cosecha: deben mencionar, en cambio, que se trata de un vino de mesa

Vinos del país, paisanos o de la tierra: se embotellan en determinadas zonas con mezclas de cepas, mostos o vinos de regiones del país de origen. Pueden llevar el nombre de la cepa principal, el año de cosecha, las distinciones oficiales hechas al producto y otras relativas a la historia

Vinos con denominación de origen: en Europa garantizan la calidad del vino y cumplen una serie de exigencias de institutos, consejos o consorcios especializados propios de cada región, zona o hasta pueblos productores de vinos y que le dan justamente el nombre o denominación. Estos vinos tienen cualidades y características diferenciales debido principalmente al medio natural, a su elaboración, crianza y embotellado.

2. lugar de origen

Este dato es indispensable en los vinos de la calidad denominación de origen (D.O), se refiere al lugar de producción

3. año de la cosecha

Aparece en todos los vinos D.O e indica al año de la vendimia. Corresponde al ciclo anual de la vid que, de acuerdo a las condiciones del clima, pueden ser malas, regulares, buenas o excelentes cosechas

4. Marca del vino

Es lo que mas resalta en la etiqueta y puede ser un nombre propio, el de una hacienda o el de una bodega productora, Ejemplos: Chateau La Tour, Márquez de Arienzo

5. Alcohol por volumen

Indica el porcentaje de alcohol por volumen como normalmente pueden oscilar entre 9 a 21% Vol.

6. Contenido
Indica la cantidad de vino expresado en mililitros ml, centilitros cl o litros lt.

7. Bodega y ubicación

Generalmente va en letras más pequeñas e indica la bodega donde se elabora y embotella el vino, Ejemplo: Embotellado de Márquez de Riscal

8. Otros

Se refiere a datos no obligatorios que pueden ser categorías especiales. También puede indicar el tipo o color del vino, el número de botella que se tiene entre manos o el tiraje.

CHARDONNAY

Cepa Chardonnay

Por: Hugo Olaechea Espinoza / 261007 / Enologia 2

Chardonnay es una cepa de uva blanca (Vitis vinifera) originalmente producida en la región de Borgoña, Francia. Investigadores de la Universidad de California han analizado su huella genética, concluyendo que tiene su origen en las cepas Gouais Blanc y Pinot.

Otros nombres con los que se la conoce son: Auxois Blanc, Blanc, Gentil Blanc, Morillón, Morillón Blanc, Melón Blanc, Negret Blanc, Pinot Chardonnay, Rulander y Weisser.

Aparte de su lugar de origen (el viñedo borgoñón) y otras regiones vinícolas de Francia, se trata de una uva francesa muy difundida internacionalmente y cultivada en Australia, California, Argentina, Chile y Sudáfrica principalmente.

Por lo que se refiere a España es una de las variedades foráneas más extendidas. Según la Orden APA/1819/2007, de 13 de junio (BOE del día 21), esta variedad vinífera está recomendada para las siguientes comunidades autónomas: Aragón, Cataluña, Extremadura, Navarra, País Vasco, La Rioja y Comunidad Valenciana. Y está autorizada en las siguientes: Andalucía, Baleares, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Murcia. Esto es, salvo Galicia, Asturias, Canarias y Madrid, en el resto de España se cultiva, bien como variedad recomendada, bien como variedad autorizada.

El grano de uva es pequeño, redondo y adquiere un tono miel cuando madura. El resultado de su vinificación produce un mosto suave y aromático, llamado frutoso en el ambiente de la Enología, característica por la que es incluida en la elaboración de champaña.

Cuando es envejecido en barricas de roble adquiere cualidades de sabor y aroma que lo distinguen y lo hacen muy apreciado entre sus consumidores. Solo algunas variedades muy específicas aceptan su guarda, por lo que generalmente se recomienda beberlo de producción reciente.

EL BEAUJOLAIS NOUVEAU


VINO BEAUJOLAIS

Por: Hugo Olaechea Espinoza / 261007 / Enologia 1

Beaujolais nouveau es un vino tinto realizado con uvas gamay producido en la región de Beaujolais de Francia. Es el más popular vino de primeur, fermentado durante sólo unas pocas semanas y luego lanzado oficialmente al mercado el tercer jueves de noviembre. Este "Día de Beaujolais", o "Día del Beaujolais Nouveau" es objeto de un gran marketing por los productores, con carreras para conseguir colocar las primeras botellas de la cosecha en diferentes mercados.

Beaujolais nouveau es un vino de color rosa-púrpura que es particularmente ligero, incluso para lo que es normal en el vino de Beaujolais. El método de producción significa que hay muy poco tanino, y el vino puede verse dominado por los aromas afrutados, eter metílico de bananas y gotas de pera. Estos son subrayados por la frecuente recomendación de servir el vino ligeramente fresco, a aproximadamente 13°C (55°F).

Muchos críticos de vinos critican a estos vinos "simples" o "inmaduros" comercializados como Beaujolais nouveau. La crítica de vino Karen MacNeil ha comparado beber Beaujolais nouveau con comer masa de galletas.

Se pretende que el Beaujolais nouveau se beba de forma inmediata, y en general no debe guardarse más de un año. Por otro lado, normalmente se beneficia de ser dejado unas semanas para recobrarse de los efectos del bottle-shock - y en el hemisferio norte el tiempo más adecuado para beberlo es la primavera y no el frío noviembre. Sin embargo, con esto realmente no se capta la idea de la "inmediatez" del Beaujolais nouveau, y los bebedores pacientes pueden comprar un vino AOC Beaujolais tradicional que se comercializan al año siguiente a precios inferiores sin la promoción exagerada del nouveau. Los vinos muestran variaciones definitivas entre cosechas, en lo peor los vinos comienzan a declinar después de Navidad, vinos de un buen año pueden aún beberse bien doce meses más tarde.

ELABORACION
Beaujolais nouveau se hace con uva gamay noir à jus blanc, más conocida como gamay. Las uvas deben venir de la AOC Beaujolais, excluyéndose las uvas de las denominaciones "cru" de Beaujolais. Por ley, todas las uvas de la región deben recogerse a mano. Esto ocurre así porque el Beaujolais se hace usando maceración carbónica, fermentación de toda la baya que enfatiza los aromas frutales sin extraer los taninos amargos de las pieles de las uvas. El vino está preparado para beber en 6-8 semanas después de la cosecha.

58 millones de botellas de Beaujolais nouveau se hicieron en 2002, habiendo bajado a unos 50 millones de botellas en 2007 la mitad de ellas dedicadas a la exportación. Se calcula que estas cifras suponen casi la mitad del total de la producción de vino de la región. Los principales mercados son Alemania y Japón, seguidos por los Estados Unidos. La demanda en Francia se ha mantenido a lo largo de los años, pero en el extranjero han decrecido las ventas, especialmente en Japón.

Beaujolais siempre ha hecho un vin de l'année (vino joven) para celebrar el final de la vendimia, pero hasta después de la Segunda Guerra Mundial sólo se consumió localmente. De hecho desde que se estableció la AOC Beaujolais en 1937, las reglas de la denominación de origen significaban que el vino de Beaujolais sólo podía venderse oficialmente después del 15 de diciembre del año de la cosecha. Estas rerglas se relajaron el 13 de noviembre de 1951,[4] y la Union Interprofessionnelle des Vins du Beaujolais (UIVB) formalmente estableció el 15 de noviembre como la fecha de comercialización de lo que en adelante se llamaría Beaujolais Nouveau.

Unos pocos miembros del UIVB, en particular el négociant Georges Duboeuf, vio el potencial de mercado del Beaujolais Nouveau. No sólo era una manera de librarse de mucho vin ordinaire con un buen beneficio, pero vender vinos dentro de las semanas siguientes a la cosecha era fantástico para obtener liquidez. De ahí la idea de una carrera a París llevando las primeras botellas de la nueva añada. Esto atrajo la atención de los medios, y para los años 1970 se había convertido en un acontecimiento nacional. Las carreras se ampliaron a países vecinos de Europa en los años 1980, siguiéndole Norteamérica y, en los 1990, Asia. En 1985, la fecha se cambió al tercer jueves de noviembre para aprovechar el márketing del siguiente fin de semana.

Este "Día de Beaujolais" es acompañado de eventos publicitarios y grandes anuncios. El eslogan tradicional, incluso en países de habla inglesa, era “Le Beaujolais nouveau est arrivé!” (literalmente: "¡El Beaujolais nuevo ha llegado!"), pero en 2005 se cambió a "¡Es tiempo de Beaujolais nouveau!". En los Estados Unidos, se promociona como una bebida para el Día de Acción de Gracias, que cae una semana más tarde después de que el vino se haya puesto en el mercado.

Duboeuf sigue siendo el productor más grande de Beaujolais nouveau; a diferencia de las etiquetas "floridas" de sus otros vinos, su Nouveau presenta un colorido diseño abstracto que cambia cada año.